NADA NUEVO, VIEJOS COMPROMISOS

No es nuevo ni sorprende que sectores clamen por aumento de salarios. No es nuevo que se diga que los jubilados han sido marginados. No es lo mismo referirse a los jubilados nacionales que los que dependen de sus provincias.

Desde Salud, tanto pública como privada, Educación, y otras instituciones, sumados a los planes sociales, son casi una sola voz. Recomposición o aumento son las demandas, todas legítimas, estén unos de acuerdo y otros no.

¿Por qué se necesita aumento? ¿Por qué sube la canasta familiar? ¿Por qué decidieron aumentar servicios e impuestos?

Lo que no se conoce y pertenece a administradores de Gobierno, cómo comienza el desfasaje y cómo se desata la inflación. Ellos lo saben y con maniobras discusiones y estrategias, tratan de manejar las situaciones, algunas teñidas de confrontaciones entre pares o partidos políticos. Y a veces aparece un decreto, que se parece a darse vencido a esa montaña de problemas heredados y adquiridos. Y es necesario hacer callar a todos.

Si fuera una economía estable, los clamores no existirían.

Si no hubiera derroche y dinero mal invertido, quizás no querrían culpar a nadie.

Si bien cada sector necesita reclamar, hacerse oír, las causas los motivos que mueven los precios y los costos van más allá de las arcas provinciales.

Los patrones: el combustible, la harina y el aceite parecen ser “las dianas” de lo que vendrá.

¿De quiénes depende; del Gobierno o sus productores?

¿No será que algo debe cambiar?

Gobernar debe ser una tarea estresante y complicada. Pero los hombres deben saber que se tiene limitaciones, y en vez de decir: “Nos salva Dios o no nos salva nadie”, por un momento pedirle a Dios que muestre los caminos y toque los corazones de los responsables de aquello que no se hace.

Unos pensarán en un país bendecido, otros en una Argentina justa.

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