Dom. Ene 11th, 2026

EL 40% DE LOS ARGENTINOS DUERME MAL: ¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

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La alteración del descanso ya no es un problema individual sino un fenómeno extendido, con impacto en la memoria, la salud mental y el sistema cardiovascular, según advierten especialistas.

Dormir bien dejó de ser una costumbre garantizada para una parte significativa de la población. En Argentina, el descanso insuficiente y fragmentado se consolidó como un problema de salud pública: más del 40% de los argentinos presenta dificultades para conciliar o sostener el sueño, una situación que repercute en el funcionamiento cotidiano y aumenta el riesgo de enfermedades a largo plazo.

«El sueño no es un tiempo pasivo. Durante ese período se activan funciones indispensables para el organismo. El sueño profundo permite la recuperación física, mientras que el sueño REM cumple un rol clave en la regulación emocional y la memoria», explicó Valeria El Haj, directora médica nacional de Ospedyc. Según detalló, dormir poco o despertarse varias veces durante la noche interfiere directamente en estos procesos.

Datos del Ministerio de Salud de la Nación y de sociedades científicas señalan que alrededor del 21% de la población duerme menos de ocho horas por noche.A esto se suma que entre el 38% y el 39% padece insomnio o interrupciones frecuentes del sueño. Investigaciones realizadas durante y después de la pandemia mostraron un incremento sostenido de los trastornos del descanso, con mayor incidencia en adolescentes y adultos.

Las recomendaciones internacionales indican que los adultos deberían dormir entre siete y nueve horas diarias, mientras que niños y adolescentes requieren aún más tiempo para un desarrollo adecuado. Sin embargo, los especialistas coinciden en que no se trata solo de cantidad: un sueño fragmentado o poco profundo pierde su efecto reparador, aun cuando se cumpla el número de horas sugeridas.

Las consecuencias de dormir mal

La falta de sueño tiene efectos directos sobre distintos sistemas del organismo. En el plano cognitivo, disminuye la capacidad de atención, enlentece el pensamiento, incrementa la posibilidad de cometer errores y afecta la memoria. En el aspecto emocional, se traduce en mayor irritabilidad y se asocia con un riesgo elevado de ansiedad y depresión.

El impacto también alcanza al sistema cardiovascular. Dormir mal se relaciona con hipertensión arterial, arritmias, enfermedad coronaria y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Además, la privación de sueño debilita el sistema inmunológico y favorece procesos inflamatorios que aumentan la vulnerabilidad frente a infecciones.

«El mal descanso no solo influye en cómo nos sentimos durante el día, sino que también genera consecuencias sostenidas en el tiempo sobre la salud», advirtió El Haj.

Recomendaciones para mejorar el descanso

Entre las pautas más habituales, los especialistas aconsejan mantener horarios regulares para acostarse y despertarse, incluso los fines de semana, y priorizar ambientes oscuros, silenciosos y con una temperatura confortable para dormir.

También recomiendan evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse, moderar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco en las horas previas al descanso, realizar actividad física de manera regular y optar por cenas livianas.

En casos de insomnio persistente, ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño o somnolencia excesiva durante el día, se sugiere consultar con un especialista para obtener un diagnóstico adecuado y reducir el riesgo de complicaciones.

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