Lun. Jun 1st, 2026

ABRIERON UN BODEGÓN CON TODOS LOS CHICHES HACE MENOS DE UN AÑO Y LO CERRARON POR LA CAÍDA DE CONSUMO

La carta, el salón y la vibra estaban a pleno, pero la crisis económica demostró ser más fuerte que la iniciativa de «volver a lo simple».

La idea era buena, el local era lindo y la atención, dicen, era aceptable. Pero nada sirvió para mantener funcionando Alma Bodegón, un restaurante de Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, que cerró sus puertas a fines de mayo.

Con el fin de mes llegó una nueva tanda de cierres en gastronomía, uno de los rubros comerciales más afectados por la crisis económica. Así pasó que el local ubicado en Int. Witcomb 2608, Villa Ballester, bajó la persiana a menos de un año de su inauguración.

«Hoy cerramos las puertas del lugar donde nació Alma. Un lugar que nos vio empezar, crecer, equivocarnos, aprender y compartir muchísimo con cada persona que pasó por acá. Nada de esto hubiese sido posible sin ustedes«, escribieron desde el equipo de Alma en Instagram.

«Gracias por ser parte del comienzo de esta historia. Esto no es un final. Es el cierre de una etapa. Nos volvemos a encontrar muy pronto», anunciaron, quizás a diferencia de muchos otros locales de gastronomía que aclararon lo definitivo de su adiós.

En los nueve meses que estuvo en funcionamiento, Alma ofreció una carta con clásicos de bodegón como las milanesas, tortillas, empanadas, pastas y carnes, pero le faltó un «algo» que les permitiera mantenerse en la esquina de Witcomb y Alberdi.

«No cerró por el gobierno, cerró porque es un negocio mal puesto, caro y con un producto con poca salida para Ballester. Era para ponerlo en Devoto, Palermo o San Isidro, no en Ballester«, comentó alguien en el posteo donde se hizo el anuncio.

El mismo comentarista señaló la experiencia todavía exitosa de otros locales de Villa Ballester y aseguró que «no es culpa del Gobierno», como decían otras personas en la publicación, sino que «siempre es fácil echar la culpa a otro y no ver las cosas que hicieron mal».

Ya hacía meses, apenas inaugurado, el restaurante había obtenido críticas lapidarias sobre su oferta a la gastronomía de Villa Ballester sobre que «no es un bodegón, no tiene porciones de bodegón, no tiene precios de bodegón».

Ni la panera ni las guarniciones redimieron al equipo, y hasta hubo críticas para la tortilla (lo único de bodegón, según una comensal, «nada del otro mundo»).

Pero el alma estaba puesta.

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