Dom. Mar 22nd, 2026

CRISIS EN EL TURF: CRECE LA INCERTIDUMBRE EN EL HIPÓDROMO DE CÓRDOBA Y SE ENCIENDEN LAS ALARMAS EN TODO EL PAÍS

El silencio también comunica. Y en el caso del Hipódromo de Córdoba, ese silencio comienza a pesar tanto como cualquier decisión formal. El pasado sábado 21 de marzo, cerca del mediodía, más de cien trabajadores del turf se concentraron en el ingreso al Tattersall para visibilizar una situación que, aseguran, se vuelve cada día más insostenible.

La protesta fue pacífica, pero contundente. Entre los presentes había caballerizos, vareadores, jockeys, cuidadores y proveedores: todos eslabones de una cadena productiva que hoy se siente relegada. La preocupación no gira únicamente en torno a la posible discontinuidad de un espacio emblemático, sino al impacto directo que podría tener sobre cientos de familias que dependen de la actividad.

“El problema no es solo el cierre, es la falta de respuestas”, coincidieron varios trabajadores durante la manifestación. En ese sentido, apuntan al silencio de las autoridades —tanto provinciales como municipales y de los organismos vinculados al sector— como un factor que profundiza la incertidumbre. Porque cuando no hay definiciones, sostienen, también hay una decisión implícita.

El deterioro no es reciente. Años de desinversión, una gestión considerada difusa y el escaso interés político habrían llevado al hipódromo a un punto crítico. Y como suele suceder en estos contextos, los primeros en sentir el impacto son los trabajadores.

Pero la crisis no se limita a Córdoba. El turf argentino en su conjunto atraviesa una situación delicada. Según referentes del sector, cada stud que cierra deja al menos a cinco familias sin ingresos directos, incrementando los niveles de desocupación. A esto se suma el efecto multiplicador: detrás de cada caballo deportivo trabajan al menos diez personas, entre cuidadores, vareadores, jinetes, veterinarios, propietarios y proveedores de insumos como alfalfa, avena o maíz.

Además, la actividad tiene un fuerte impacto en las economías regionales. Cada evento hípico moviliza sectores como el turismo, la hotelería, la gastronomía y el comercio en general. Por eso, la posible caída de espacios como el hipódromo cordobés no solo afecta al turf, sino a un entramado económico mucho más amplio.

La manifestación del sábado fue, según los propios protagonistas, apenas un primer paso. Advirtieron que, de no haber respuestas concretas en el corto plazo, las medidas podrían intensificarse.

Hoy, más que nunca, el turf argentino enfrenta una encrucijada. La pregunta ya no es solo si el Hipódromo de Córdoba seguirá funcionando, sino quién asumirá la responsabilidad si finalmente sus puertas se cierran y miles de trabajadores quedan a la deriva.

imagen : Gentileza Grupo Buerreros del Sur

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